Ninguna empresa debería dejar de presentarse a licitaciones por falta de horas.
Carabela se construye sobre una idea incómoda: la mayoría de las empresas no pierden contratos públicos porque su oferta sea peor. Los pierden porque no llegan a presentarla.
Las empresas no necesitan otra herramienta para licitar. Necesitan ganar más contratos sin que licitar se convierta en el siguiente cuello de botella.
ESTE DOCUMENTO EXPLICA POR QUÉ, Y QUÉ HEMOS CONSTRUIDO PARA QUE OCURRA
Lo que está roto en la forma de licitar.
Ninguna de estas cinco cosas es culpa de nadie. Son consecuencias de hacer un trabajo enorme con horas humanas.
El mercado es enorme y casi nadie lo lee.
En España se publican más de 180.000 licitaciones al año en la Plataforma de Contratación del Sector Público. Una empresa mediana llega a revisar unas decenas. La mayor parte de las oportunidades no se descarta por mala: no se llega a ver.
La decisión más cara se toma a ojo.
Presentarse cuesta semanas de trabajo, así que ir o no ir es la decisión con más consecuencias de todo el proceso. Y casi siempre se toma con intuición, con el plazo encima y sin saber quién más va a competir ni a qué precio se adjudicó lo anterior.
Cada oferta empieza en una hoja en blanco.
La misma empresa vuelve a explicar quién es, qué ha hecho y por qué es solvente. Otra vez. El conocimiento existe, pero vive repartido entre carpetas, correos y la cabeza de dos personas que ya están ocupadas.
La capacidad es lineal con la plantilla.
Una persona prepara unas pocas ofertas al mes. Para duplicar la capacidad hay que duplicar el equipo. Durante décadas esa ha sido la única palanca disponible: cara, lenta y difícil de revertir cuando el mercado se enfría.
Los resultados no vuelven al proceso.
Se publica la puntuación, se archiva el expediente y se pasa al siguiente. La información más valiosa del sector — quién ganó, con qué precio, con qué puntuación y por qué — se pierde exactamente donde debería empezar la siguiente oferta.
Un departamento humano se queda sin horas, no sin criterio.
El techo de una empresa que licita no es su calidad técnica ni su ambición comercial. Es el número de ofertas que caben en un mes. Todo lo demás — el mercado publicado, la competencia, el volumen de pliegos — es de otro orden de magnitud.
CIFRA DE MERCADO SOBRE DATOS PÚBLICOS DE LA PLATAFORMA DE CONTRATACIÓN DEL SECTOR PÚBLICO · LA TERCERA FILA ES UN ORDEN DE MAGNITUD, NO UNA MEDICIÓN
El software que hay que operar no elimina el trabajo. Lo cambia de sitio.
Un buscador te da una lista más larga. Un gestor de ofertas te da un sitio mejor donde guardar el trabajo. Un asistente de redacción te da un borrador que alguien tiene que dirigir, corregir y montar. Los tres son productos legítimos y los tres ayudan. Y los tres dejan intacta la parte cara: sigue haciendo falta una persona empujando el proceso de principio a fin.
No queremos que tu equipo sea más rápido operando una herramienta. Queremos que no tenga que operarla.
Lo que ha cambiado no es la redacción. Es la lectura.
Casi toda la conversación sobre IA y licitaciones va de escribir más rápido. Escribir nunca fue la parte más cara. La parte cara era leer: leer todo lo que se publica, leer 142 páginas de pliegos y anexos, leer el histórico de un órgano de contratación, leer cómo ganó el competidor que se llevó el contrato anterior.
Un sistema de agentes lee sin cansarse, sin priorizar por lo urgente y sin olvidar lo que leyó el mes pasado. Y cuando la lectura deja de ser el límite, la decisión de a qué presentarse — que es donde de verdad se gana o se pierde — deja de ser una intuición y pasa a ser un cálculo.
Siete cosas que dan forma al producto.
LO QUE CREEMOS- 01
El trabajo, no la herramienta.
Un producto de licitación debería entregar una oferta terminada, no una interfaz donde prepararla. Si el cliente tiene que aprender a manejarnos, hemos trasladado el problema en lugar de resolverlo.
- 02
La autonomía es una medida, no un adjetivo.
Autónomo no es una palabra de marketing: es una cifra. Cuántas decisiones toma el sistema solo y cuántas necesitan a una persona. Esa cifra debería bajar versión a versión, y deberíamos poder enseñarla.
- 03
El humano decide, no ejecuta.
La estrategia, el precio final y la firma son de la empresa. Todo lo que hay entre esas decisiones es trabajo operativo, y el trabajo operativo es nuestro. El humano interviene donde aporta lo que el sistema no tiene: conocimiento propio, criterio estratégico, excepciones y aprobaciones.
- 04
Aprender a una escala que ningún equipo alcanza.
Un buen equipo aprende de las veinte ofertas que preparó el año pasado. Un sistema puede aprender de todas las que se publican, se puntúan y se adjudican. No es que sea más listo: es que ha visto muchísimo más.
- 05
Cada resultado alimenta el siguiente.
Una adjudicación no es el final de un expediente. Es el dato de entrada de la próxima oferta. Un sistema que no cierra ese círculo no mejora: solo repite más rápido.
- 06
Sin trazabilidad no hay confianza.
Cada requisito tiene que poder señalar la línea del pliego de la que sale, y cada afirmación, la evidencia de la empresa que la sostiene. Un texto convincente que nadie puede verificar no vale para presentarse a un contrato público.
- 07
Decir solo lo que se puede comprobar.
Cada cifra de este sitio sale de un caso real o de una fuente pública, y cada afirmación sobre otro producto se cita como la publica su fabricante. En un mercado donde todo el mundo dice autónomo, poder demostrarlo es lo único que hace que la palabra signifique algo.
Un sistema que mejora es un sistema que cierra el círculo.
Cada oferta produce señales: una puntuación por criterio, una adjudicación, un precio ganador, una baja, un competidor que no esperabas. En la mayoría de las empresas esas señales terminan en una carpeta. En Carabela vuelven al mismo sistema que decidirá la siguiente licitación.
Que licitar deje de ser un departamento y pase a ser una capacidad.
Creemos que la contratación pública va hacia empresas que compiten por muchos más contratos de los que hoy pueden trabajar, con equipos que no crecen al mismo ritmo. No porque el trabajo desaparezca, sino porque deja de tener que pasar por una persona para avanzar.
La ambición de Carabela es esa: que una empresa pueda multiplicar su presencia en el mercado público sin multiplicar su plantilla, y que la parte humana se concentre donde de verdad hace falta un humano. Es lo que ordena cada decisión de producto que tomamos.
Una empresa, un producto.
Carabela AI es una empresa española, con sede en Madrid, que construye una sola cosa: el sistema que se ocupa de la contratación pública de otras empresas. No tenemos una segunda línea de negocio ni una consultoría detrás que escale contratando gente.
Somos un equipo de ingenieros con años de experiencia en inteligencia artificial y en preparar y ganar licitaciones públicas. Esa combinación es lo que hace falta para construir esto: quien escribe el sistema es quien ha leído los pliegos, ha peleado los plazos y ha visto de cerca por qué se gana o se pierde un contrato.
La carabela cambió la navegación porque podía seguir avanzando cuando los barcos anteriores ya no podían. Ceñía el viento, mantenía el rumbo en condiciones difíciles y abría rutas que estaban fuera de alcance. Tu empresa fija el destino; Carabela ejecuta la ruta.
- RAZÓN SOCIAL
- CARABELA AI SL
- SEDE
- Madrid, España
- MERCADO
- Contratación pública española y europea
- CONTACTO
- general@carabela.ai
Trae una licitación real.
La forma más corta de saber si esto es cierto es ponerle delante un contrato que estéis valorando y ver qué prepara.